Todas las veces que haga falta

Visualizo una estampida caótica cada vez que escucho un “pa trás ni pa’ coger impulso”.


Hay un rechazo generalizado y estudiado a regresar. A mirar atrás. Somos más maleables y predecibles queriendo comprar/alcanzar el mundo que está ahí fuera. Como el horizonte lejano, la utopía de Galeano. Nos mantiene activos, como zombies tras una presa que nunca llegamos a atrapar.

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Las hormigas y los días mate

Una vez cogí una mariposa que murió (nunca supe si por mi culpa), y la enterré entre pétalos de rosa. Pero hasta allí fueron las hormigas a decirme que ni los muertos descansan y se llevaron en volandas el cuerpo, lejos del lecho que yo había preparado.

Admiro la naturalidad dolorosa con la que desentierran las hormigas lo muerto.


A nosotros, los vivos, enfrentarnos a una pérdida, a un duelo, nos machaca y nos aplasta, pero ellos ¿qué harán?

¿Estarán a la espera, confusos como nosotros,desde el otro lado? ansiando que alguien en algún momento les despierte de este horrible sueño que termina siendo la realidad voraz acaparadora de todo lo demás.

No entendemos nada y vamos dando palos de ciego, buscándole a todo suceso el sentido, el sentido al porqué vivimos y el sentido a los muertos. A los muertos y a sus almas.

¿A dónde van los que no están? ¿Acaso descansan?

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Tal y como está la cosa…

“Tal y como está la cosa… creía que sería más barato”

¿A que no adivinas dónde escuché esto?

¿En un supermercado? Imposible, claro, los precios están marcados de antemano bien claros en sus etiquetas.
¿En un dentista? ¿Ni te lo imaginas, verdad? ¿Crees que una pandemia (o cualquier crisis) justifica ofertas sin más para todos? ¿Acaso vas y preguntas presupuesto para lo que quieres hacerte y si no tienes suficiente dinero, exiges una rebaja o, mejor aún, que te hagan lo necesario y ya pagarás el mes que viene cuando cobres?

(Claro que sí, guapi).

Como ven, me apasiona estar hablando con desconocidos por teléfono…


Ya te lo estarás imaginando.

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Del amor a la locura

Me gustaba alzar la vista y ubicarte, saber que estás ahí, aunque sea lejos.
Pero hoy me encontré perdida y acogida por una libertad nueva, muy lejos de ti, en la costa.
No podía saber si, después de toda la importancia que le di a tu figura, te estaba dando la espalda. 
He de decir que, habitando este rincón nuevo, con los ojos hacia el mar, lo ignoraba.

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El peso de las palabras

El significado de una palabra le da dimensión. Y peso.

Ese conjunto de letras gana consistencia cuando está escrita porque pierde la levedad de las palabras pronunciadas, que parece que se van con el viento.

Aun así, nos decantamos por trazar letras y hacerlas llegar con palomas mensajeras instantáneas. Y pensamos que es la comunicación quien gana.


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Memento mori

{ Asumir que vamos a morir todos no deja de ser un gran impulso. }

Rescato este frase que escribí hace un tiempo pensando en todo lo que está pasando. (Al materializarse la posibilidad de un final prematuro nos resulta atractivo resurgir con más fuerzas que nunca).

Ahora al releerla me viene un pensamiento distinto.

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Wilson

Quiero pensar que desde el minuto uno hubo una conexión entre nosotros, como algo latente inexplicable, pero eso solo lo siente una parte ingenua de mi corazón, esa que late deseando que sea así. Mi cerebro sabe que en gran parte se debe a nuestra forma de movernos por el mundo, amigos de todo aquel con el que nos cruzamos. Eso sí, adoro la conjunción de aleatoriedades que se sucedieron para que nos conociéramos. Ni lo deseaba ni lo esperaba pero no pude reprimir la curiosidad por saber más de ti y no supe rechazar tu sutil sugerencia a entrar en mi vida. Mejor dicho, no quise verte pasar como tantas otras cosas.

No sé ni siquiera lo que espero de ti. Detesto pensar que en ese movimiento se escondía un pequeño sentimiento de vacío, de añoranza por pertenecer a algo exclusivo que solo puede haber entre dos, ¿habrá sido egoísmo? No lo sé, pero, después de darle muchas vueltas, cedí a tu insistencia por tener compañía.


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Se hace camino al andar

Después de unos meses finales de beca formativa vuelvo aquí, a este cuaderno de bitácora, para dejar constancia de mi rumbo (ya tomado, por cierto).

(((La experiencia de ser becaria, de nuevo, me ha dado una idea para libro… Estando rodeada de personajes, quién necesita imaginación))).

El 4 de enero me trasladé de nuevo. Expectativa: nueva ubicación a la que llamar hogar y una nueva rutina diaria. Por el momento, la realidad se mantiene del lado de la expectativa.

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Estoy en casa

En el mundo de adultos en el que había aterrizado ella no sabía bien cómo relacionarse. Salir a la calle e interactuar era algo que le incomodaba, era como tirarse a un abismo frío cuando su mirada se cruzaba con la de otro adulto. Le invadía un sentimiento de vulnerabilidad cuando de un vistazo la hacían sentir inspeccionada. Por todas partes veía ojos vacíos, carentes de sentimiento y cargados de prejuicios que pocas veces hacían caso a las palabras pronunciadas por su voz pequeña.

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Te estaba esperando

Eres un viejo amigo que no habla, que solo observa. Ignorando que tú quisieras o no, te he hecho partícipe de cada uno de mis pasos. Pero tú no opinas gran cosa, mantienes distancia.

Eres como un señor mayor que me acompaña con la mirada pero que apenas articula palabra.  Guardas sabiduría detrás de unos ojos inexpresivos y apagados y, al igual que presencias sin querer, también escuchas sin ceder.

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Vocación o esclavitud

En este entorno tan apocalíptico que estamos viviendo, me encuentro reflexionando y siento una vez más la necesidad de compartir mi visión sobre mi estilo de vida actual, en concreto refiriéndome a lo laboral.

En su momento hablé de la rutina que seguimos muchos de nosotros en La revolución industrial de las hormigas.

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El regreso de Olympia

Las mudanzas sacan a la luz los cientos de bártulos que parece que viven escondidos mientras se reproducen durante años, generando otras variantes de artículos de todo tipo.

Está casi todo apartado y organizado en cajas en la entrada de la casa vacía, lo que me llevo y lo que voy a donar. De repente, tropiezo con una caja enorme, la máquina de escribir, colocada en el montoncito de cosas para donar.

¡¡Sara!! ¿¿Por qué vamos a tirarla?? — le grito a mi amiga y futura compañera de piso.

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Lo que pasó al inicio y al final

Hace unos días escribía por otra red social lo siguiente:

Días raros. De retiro por senderos. Apartarme a escuchar solo gaviotas, pardelas y marea.

Como diminutas medallas me digo que me he escrito un manifiesto, que me he sentado a escribir y le he dedicado palabras a un muro que se desmorona y que me he encontrado en esta historia de Lillian Álvarez Navarrete, una autora cubana, sintiéndome como ese pajarito iluso que quiere unir pompas de jabón. Ansía formar algo, pero las ganas se estrellan con cada intento porque con solo tocarlas se deshacen en su boca, por muchas veces que lo repita.

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Mi experiencia en Reino Unido – 3

Buenas noches, vengo a contarles por último las ventajas e inconvenientes de trabajar en UK en Eville and Jones, al menos, desde mi punto de vista.

Si no has leído las anteriores entradas te lo recomiendo:

Podría haber contado algunas cosas más sobre lo que vi en algunos mataderos, situaciones de precariedad, mi impresión sobre la industria, algunas anécdotas, reflexiones, pero eso lo iré colando en entradas e historias venideras.

Ya que es la despedida y un punto y aparte de todo aquello, traigo una buena manera de evocar mis recuerdos. Fotografías.

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Mi experiencia en Reino Unido – 2

Continuamos. Si acabas de llegar y quieres leer la primera parte está aquí.


Antes que nada, tengo que decir que pararme a pensar en mi vida allá es un proceso doloroso y es algo a lo que me ha costado enfrentarme. Me pasaron muchas cosas, algunas muy buenas, logré ser plenamente feliz y también lo pasé muy mal. Fue un cúmulo muy variado de experiencias personales y laborales, pero me centraré en la parte laboral, sobre todo por esos compañeros veterinarios que quieren respuestas y una opinión sobre el trabajo en UK, en concreto en esta empresa de las que les hablaba ayer, Eville & Jones.


Pues bien, ¿por dónde nos habíamos quedado? Ah, sí. Estaba yo en un Bed and Breakfast (B&B) comiendo pan con atún (y feliz, no lo olviden).

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Mi experiencia en Reino Unido – 1

Estoy de vuelta después de casi dos meses. Estos tiempos raros y apocalípticos me han hecho el colchón para sentarme a escribir (eso y que tengo wifi en casa y ordenador, por fin. Me vuelvo a subir al Siglo XXI). Pues eso, retomo el blog con muchas ganas y vuelvo a abrir mi cuaderno de bitácora. Empiezo con los capítulos que tenía pendientes.


Te pongo en contexto. En enero te contaba Qué me pasó antes de ir a Cuba, pero me había dejado en el tintero hablar de mi experiencia en Inglaterra.

(Espero que a partir de ahora me leas con un cafecito o un tecito, porque estuve allá casi tres años y hay para contar, aunque lo dividiré en 3 capítulos).


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Virus corona el viernes 13

VIERNES 13


9:00. Voy al médico. Sanitarios y pacientes con mascarillas. Carteles sobre asientos alternos: “No se siente aquí, por favor, medidas sanitarias temporales”.


9:30. Supermercado: atascos, gente impaciente tocando la pita. Consigo aparcar y al entrar, pasillos llenos. De personas. Gente apurada corriendo hacia todos lados (pienso que si hay un ser infectado nos estamos contagiando en el súper a gran escala).

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Mi próximo viaje

He decidido mi próximo viaje. Será al centro.
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He trazado el camino en un mapa en papel. Abandono mar y aire. Será una ruta de tierra.
Previamente vaciaré mi cuarto para llenar el coche con todas esas cosas que creo que necesito.

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Si ha de pasar, pasará

“Si algo ha de pasar, pasará”.
¿Cuántas veces lo habré escuchado?. Lo de fluir no es mito. Juro que lo he visto. Y no creo en dioses, pero las energías, sin haberlas visto, sé que no son mentira. Es real. Y empiezo a creerme eso de que si algo está pa’ ti, llega.
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Ahora bien, dejárselo todo al cosmos es muy de gandules o de cobardes. O ambas.

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De amores incondicionales y decisiones

Escuché que solo madres y padres entrañan la fuente más pura de lo que llaman amores incondicionales.
Creo que quien dijo eso no tiene sobrinos. Porque yo no soy capaz de ver límites en el querer y de tanto que quiero a los míos, sé que adoraré a mis sobrinos como extensiones suyas que son, y se formarán lazos fuertes como tentáculos de pulpo achuchadores igualmente duraderos.

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Qué me pasó antes de ir a Cuba

Pues como suele suceder (al menos a mí) a la vuelta de un viaje, se viene el proceso de digestión lenta de lo vivido. Se suele suceder la mayor parte cuando te incorporas a tu realidad y a tu rutina, en caso de tenerla. En mi caso, estaba en un punto de inflexión extraño. Decidí irme a Cuba como hago casi todo, creo, sin pensarlo demasiado. Había estado en África dos meses antes en un viaje algo alternativo y aunque, por supuesto, fue una experiencia enriquecedora, curiosa y muy movedora por llamarlo de alguna forma, me seguía encontrando perdida.

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Cenizas

Cerca de 8 biombos mentales custodian todos esos asuntos pendientes con los que tengo que lidiar. Los que duelen de verdad. Son heridas no cosidas que guardo en una caja. Las oculto sistemáticamente, y mi cuerpo se enferma paulatinamente en silencio. Por las noches, cuando está más blando y expuesto, puedo escucharlo. Está llorando. Las heridas no se cierran solas, continúan sangrando, y si me niego su existencia, acaban por supurar. Para curarlas, he de cruzar todas esas barreras, pero, paradójicamente, cada vez que intento llegar al centro de todo, duele más y más. Cada muro que saltar requiere un camino largo y oscuro hacia el interior que me trae caras, recuerdos, lágrimas.

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Arde Gran Canaria

Aquí un pequeño poema que escribí a raíz de los incendios en mi isla, Gran Canaria. Por suerte, la situación está casi controlada, pero ha dejado 10.000 hectáreas destruidas. Y ahora están saliendo imágenes y vídeos del Amazonas, que se está destruyendo a pasos agigantados. El tamaño de un estadio y medio cada minuto.

Fotografía del periódico Canarias7.

Hay mucho que reflexionar. El mundo tal y como lo conocemos está desapareciendo. Queda saber si sabremos reaccionar y cambiar radicalmente nuestro estilo de vida. Consumo excesivo de carne, de recursos, plásticos, consumismo desmedido, …

* A todo esto, una recomendación, una serie llamada “Years and years”. Muy interesante sobre una familia viviendo el futuro cercano (y loco) que desgraciadamente parece que nos espera…


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Y así más fuerte poder cantar…

Haciendo amigos, y qué mejor manera que reconociendo su trabajo. (Que no es poco).

Les traigo dos recomendaciones de dos autoras, y aunque no soy amiga de reseñar a nadie porque considero que el paladar lector es de lo más subjetivo que hay, merecen ser nombradas. Y además, lo hago con mucho cariño.

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El mal de Nicanor

Es una enfermedad de difícil diagnóstico y con cierta tendencia a la cronicidad. Ándate con ojo. Mi gran amigo Nicanor la tiene y no lo sabe.

Él siempre fue amigo de estar con gente, y gustaba de ser anfitrión en cualquier ocasión. Organizaba periódicamente fiestas en su casa y solía cocinar buenos platos para todos los presentes, incluida yo, aceptando de buena gana mi decisión tomada de no comer carne.


Se encargaba de recrear un marco ideal de buen rollo donde todos nos reuníamos para tomar algo juntos y bailar. Además, siempre en su afán por conocer gente nueva, invitaba a nuevos compañeros, o amigos de amigos. Así, más o menos, aparecí yo, un poco porque sí, y desde entonces, ya llevamos más de diez años de bonita amistad.


Bien, habiéndolo contextualizado un poco, hacía ya bastante tiempo de la última, y yo, en mi autoexilio, vivía ajena al mal que le aquejaba. Si hubiese estado más atenta, al menos lo habría visto venir. Aunque, a decir verdad, algún síntoma leve había notado en anteriores ocasiones, pero no quise darle mayor importancia y ahora pasa lo que pasa, cargamos con peores consecuencias.

A ver, me explico. Últimamente tenía Nicanor los ojos rojos, puede que por cierto cansancio acumulado. Y bajo una fina capa de enorme entusiasmo o hiperactividad, se hallaba una irritabilidad latente, pero bastante constante, que le hervía la sangre sin motivo alguno, o eso nos parecía a los demás.


Y eso se manifestó claramente la última vez que lo vi. Por querer plasmar el momento, sacaba vídeos y fotos todo el tiempo. Y todo era muy agradable hasta que comprobaba en su galería que la foto no era como deseaba.


Ahí se hizo evidente. El pequeño grupo de amigos vimos cómo se acercaba a un estado medio catatónico. Apenas escuchaba ahora te miraba con la mirada perdida, ahora volvía a la pantalla de su móvil.


Entonces presencié la conversión. Nicanor se transformó en Nicaso (o Niputo, lo que mejor te suene). Porque ni-caso que nos hizo. Se enfrascó de más en lo que quiera que tenía entre manos con el mundo que se le abría tras la pantalla del móvil.


Y así pasó la noche entera. Por cada 10 minutos que se mantenía siendo él mismo, el Nicanor dicharachero, venían otros tantos en los que le perdíamos. Porque se alejaba para sacar fotos de su alrededor, alguna autofoto (selfie), con alguna excepción en la que nos decía: “Sácame una foto con esto”. Y súmale otro cuarto de hora más de editar y subir esas fotos a las redes y quedarse por allá un rato.


Quizás esté exagerando, pero encuentro excesivo subir 20 fotos en unas horas a tu mundo virtual cuando en la vida real todo se reducía a propiciar un momento profoto para proclamar a los cuatro vientos lo de putísima madre que se lo estaba pasando.


Really?

Y entonces me vi fuera. Muy fuera. En el extrarradio, más o menos.

Y por dos cosas.

Lo primero es que no entendía nada. Había ido por insistencia de todos ellos, porque ni cuerpo tenía para estar de parranda. Pero fui. Y me sentí a años luz de toda aquella onda ridícula y sin sentido.


Y lo segundo. Yo, que llevo casi 3 años viviendo en el extranjero, extrapolo experiencias y me doy cuenta de que apenas tengo fotos o vídeos de todo lo vivido en Reino Unido. Pobre de mí.

¿Significa eso que no VIVÍ a tope, que no lo saboreé? ¿Solo porque nadie sabe todos los lugares que vi o los que pisé? Repito: ¿¿En serio?? Parece que si no lo publicas en forma de foto o vídeo poco más o menos se puede decir que nunca sucedió.


Y se me vino el mundo encima. Echaba de menos al Nicanor de siempre. Ahora mutado en un ente irritable perdido en algún sitio al que no llego, donde quizás trate de escapar de una realidad que le resulta insuficiente.


Y me dio una profunda pena, porque creo que, aunque pueda parecer que así él lo pasa bien (lo cual realmente dudo, si su fin último es conseguir una experiencia más, traducible en fotos para su escaparate particular), lo cierto es que se pierde parte de lo real, el disfrute de las personas y del momento sin más. El gusto de escuchar a tus amigos y de verles el careto en 3D.


Y no estoy haciendo crítica de esa foto pose ocasional (ese postureo nivel 1 lo hemos pasado todos). No está mal tener alguna fotillo modélica, claro que no. Pero si cada actividad que haces se ha de traducir en un formato publicado para que el resto del mundo vea lo súper chachi que es tu vida… ¡Ay, no! Párate, mundo, que yo me bajo aquí.


Y reconozco que tiene su parte adorable querer compartir cachitos de tu vida con aquellos que están lejos, pero hay triquiñuelas que se esconden en esa fachada que decoramos. (¿Viste? Me meto en el saco). Un compartir según qué cosas para demostrar algo a no sé ni quién.

Querer aparentar, un sentimiento que está vacío, porque no hay realidad detrás de eso. Ya puestos a compartir, mostremos también algo natural. Y no esa parafernalia idónea de píxeles que carece de magia real, de esa cosa curiosa que tienen las fotos improvisadas o robadas en un instante determinado.


Ejemplo de fotucha robada. Yo, en mi último cumple, hablando de cosas irrelevantes probablemente.


Y aquí la GRAN DUDA:

¿Cómo saber si el postureo me invade?

No lo tengo claro.

De momento, de esta última reunión con mis amigos, no tengo ni una foto o vídeo con mi móvil. Podría haber sacado, es verdad, pero estaba conversando, escuchando lo que me contaban, y actualizándonos con las novedades. Que pa’ eso salí yo, vamos.



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_Llaysha_

La naturaleza siempre se impone

Me subo a la cubierta.
Siento que muchos ojos observan esta cara descompuesta.
Mis ojos cansados proclaman una lluvia pausada que se une al mar.

Busco un resquicio, un refugio en el que habitar.
Añoro una nube de aire cálido que me rodee entera.
Que me invada y que aplaque estas ganas de vomitar imperecederas.

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La huida

Una huida es fuga, evasión, escapada, abandono, liberación, éxodo, ausencia, partida, y también derrota, retirada.


Un día te hartas de la rutina, del eterno día de la marmota. Miras al cielo y te preguntas qué tan distinto puede ser ese azul desde otros puntos del planeta.

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El bosque

Frenó el coche bruscamente a un lado del camino. Salvo algún vecino nuevo con ánimo de explorador, o los ciclistas que cada vez se encontraban más a menudo invadiendo las carreteras, pocos conocían aquel lugar.

Imagen de pixabay

Estaba algo apartado y oculto, en un camino sin asfaltar y sin iluminar, en un lateral de una colina, y para llegar a él había que atravesar un bosque. Pero no era así para Antonio, que había vivido toda la vida allí y había visto su crecimiento con sus propios ojos. Conocía cada recoveco de las carreteras que habían ido extendiéndose como ramas en el terreno.

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La taza de Osmio

Se levantó con la sensación de no haber tenido un sueño muy reparador. Había noches en las que dormir en camas ajenas se le hacía raro. Otras veces dormía con total sosiego, pero aquella había sido una de las menos cómodas. Llevaba dos noches durmiendo en aquel sitio, en aquella cama que no era la suya. Una cama enorme en medio de una habitación amplia y llena de reflejos. Un armario cubierto de espejos ocupa toda la pared del fondo, un mueble de tal anchura que podría esconder varias personas tras las puertas correderas… Y al otro lado de la habitación, justo frente al armario, un tocador sencillo con una simple mesa de cristal y unas luces en lo alto del espejo.

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Las cuerdas que no(s) atan

¡SALTA!

Es casi lo único que se oía. Por encima de los otros valientes de edad variable y con más o menos fobia al ridículo y a su propia integridad física.

— ¡SALTA! — escuchaba yo.

Y es que en un parque de camas elásticas y colchonetas y demás parafernalias con superficies para no abrirte el cráneo al caer, pues es lo que tiene. Saltar es lo mínimo que se espera.

saltar

Vale. La foto no es mía.

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Historia contra el olvido

A mi edad, solo lamento el silencio aplastante del paso de los años y las huellas borradas del pasado. He comprendido, con gran pesar, que la historia de las personas corrientes no se registra. No hay diario posible donde queden grabadas tantas vidas. Su paso por la tierra no supone más que granitos de arena esparcidos por el viento. Por eso me esfuerzo en ahondar profundamente en mi recuerdo. Si acaso lo escribiera más inocuo y liviano para el lector, perciba mi nostalgia y mi ardua tarea en conectar correctamente los datos en orden cronológico por encima de centrarme en el dolor y la muerte. Y como no puede ser de otra forma, cuando se rememora sobre un hecho fehaciente y, a la vez, brutal, escribo como deber hacia aquellos que ya no están. Aquí cuento parte, tal y como la recuerdo, de la historia de mi familia.

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Lo que trae la navidad

bola arbol navidad

La decoración navideña en casa es bastante más variopinta que esta sencilla bola roja, pero como no pasaré las navidades por Las Palmas, pues no puedo traer una foto real. Pero se hacen una idea, ¿no?

En esta época de oír decir “Felices fiestas” a todas horas, por algún motivo, a mi cabeza llegan mil cosas luminosas, coloridas y sabrosas.

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Repaso de pasos

Cuaderno de bitácora 5

Justo dos años atrás, un día como hoy, salí volando de mi querida tierra natal para darle al play a un nuevo capítulo de mi vida en otra isla un poco más grande, cambiando Gran Canaria por Gran Bretaña.

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Kits de salvamento o nutrición para casi vegetarianos

Agolpados están los minados soldados. Sentados a los lados del camino.

De repente y sin aviso se rompe la evolución cíclica de los días, rutina empobrecida y gris que hasta ahora no auguraba nada bueno para aquella, su patria.

¡Mira! – dice uno, señalando al cielo, con la boca abierta.

Habían comenzado a caer lentamente del cielo pequeños paquetitos de diversos colores.

Admirados, los hombres se levantaron para cogerlos en el aire.

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Sucesos

Entra a la cafetería de la esquina a las 7:30, como de costumbre. Es el local de todas las mañanas, el más cercano a la oficina, desde hace veinte años. Saluda a Paco, el dueño, que está poniendo la cafetera, y se sienta en la mesita de siempre, al fondo, junto a la ventana. Cinco minutos después, ya dando sorbos al café solo, se encuentra ojeando el periódico del día.

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La hormiga pensante (4)

De inversiones extrañas y caminos

A cualquier cosa a la que le dediquemos cierta parte de nuestro tiempo y nuestra atención, cuesta decirle adiós. Sucede con los estudios, un trabajo o una relación.

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La hormiga pensante (3)

Aparatos

La suerte de ser millenial* es que he vivido la era pre-conectados. Sé lo que es aburrirse de verdad. Vivía sin saber lo que era un móvil, un iPad, y apenas un ordenador.

En muy poco tiempo me fui haciendo a todos los nuevos aparatitos. Adaptación. Cosa normal (y qué remedio).

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La habilidad de Mario y la chica de la oficina

Mario tiene unos kilitos de los que dicen que están de más y empieza a tener una carencia de pelo notoria a sus 36 que no se molesta en disimular. Se levanta todos los días a las 6, y una vez vestido, a falta de los pies, abre el segundo cajón de la mesilla de noche, y escoge, sin mirar, dos calcetines sueltos. La licencia que se permite para ponerse un calcetín aleatorio en cada pie, es la concesión sistemática que está dispuesto a dejar al azar, como si de esa forma, los imprevistos que se pudiera encontrar el resto del día fueran menos en número, y en caso de darse, más llevaderos.

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Agosto 2089

Se forma cola desde las 8:00 que abre el recinto. Los siguientes en entrar, un padre con su hijo. El pequeño, inquieto, espera ansioso el espectáculo, apretando con fuerza la mano de su padre y recolocándose la goma de la máscara, que le va dejando un surco rosado en cada moflete.

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La secta y lo del premio (1)

-¿Y esto, Tita? – dijo Iriome, cogiendo una postal que asomaba por la caja repleta.

-Una postal desde Mallorca, de un gran amigo mío, Burdon. Un no parar de hombre, siempre está contándome por dónde ha estado en sus últimos viajes, y le gusta mandarme postales curiosas, si puede ser con veletas, mejor. Estuvo años por Suiza y Alemania. Habla alemán que da gusto verlo.

-¿Y este cuadro es tuyo?

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Evoluciones y cosas kármicas

Y un día, sin saber cómo, todo se recoloca.

Miras atrás y no te reconoces en el inicio del camino. Mil cosas que ocupaban tu mente hace meses o años ahora no son nada.

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Aprender a bailar

Siempre desprecié el baile. No es que no lo vea hermoso como arte, que lo es, y lo sé. Soy capaz de apreciar la gracia de los movimientos que van al ritmo de la música. La agilidad, el encanto, la coordinación para clavar un paso en el momento justo, con precisión y fuerza. La belleza que hay en ello, el magnetismo que despierta ver a alguien dejándose llevar y moviéndose al son de la melodía. Y respeto el trabajo bien hecho que hay detrás, las múltiples horas de ensayo que se requieren para ganar esa maestría.

bailar

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La novela

Dos niñas encontraron el libro una tarde bajo un árbol. Se lo intercambiaron durante un tiempo para irlo leyendo simultáneamente, pero se aburrieron en algún punto entre el capítulo dos y el tres. “Mejor jugamos” – dijeron.

Y lo dejaron en la biblioteca de la escuela.

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Colapso

Desde primera hora de la mañana la ha llevado al centro más cercano. Casi de la mano, dejando que andara a su ritmo pausado, enfermita como estaba. Pobre criatura, con solo ocho años de vida. De tener hermanos, probablemente sea la más canija. Tan flacucha y tan débil…

colapso

Mientras la dejamos sola cogiendo resuello, pues el camino hasta allí la ha dejado exhausta, aquel hombre viene conmigo a rellenar el papeleo. Le observo. Mínimamente afligido por la situación. Debe estar sobre los sesenta años, tiene muchas arrugas y el pelo alborotado, intuyo que por las prisas. Cuántas cosas habrá visto ya este señor… me pregunto.

De repente, alguien me llama con urgencia.

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El Ecuador

Hoy, 21 de Junio del 2018, ha llegado el ecuador de nuestra existencia conjunta.

Media vida contigo en ella. Otra media deambulando. Tratando de aprender a seguir.

Y lo hicimos. Como pudimos.

ecuador

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Tag: Los libros de mi niñez

Lo prometido es deuda, así que aquí va mi post tardío sobre los libros de mi niñez, a petición de mi querida Coremi (Saltos en el viento).

tag libros niñez

La historia se puede resumir tal que así.

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El ruido

Día nublado, pero cálido.

Está bajando.

La observo a unos metros de distancia. Se escucha el crujir fuerte de su llegada al chocar y colarse entre las piedras.

Mi mirada se fija donde siente el ruido. Contemplo la guerra que se vive en la orilla.

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Reencuentro

Me cuenta el diccionario que hay tres acepciones de la palabra “reencuentro”:

1. Acción y efecto de reencontrar.

2. Encuentro de dos cosas que chocan una con otra.

3. Choque de tropas enemigas en corto número, que mutuamente se buscan y se encuentran.

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Tu voto lo es todo y casualidades

Vengo de pasar unos días por Dublín, pero como este no es un blog de viajes, y además solo podría recomendarles sitios donde NO comer, prefiero contarles lo que se cuece por allí…

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Lina

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Lina no lloró el día que murió su madre.

Tampoco el día que se escapó su conejito Mimo. Era una niña en ocasiones muy introvertida, y en otras podía ser muy curiosa y habladora. Su padre entendía y amaba su forma de ser. Salvo su ligera inexpresividad, era una niña encantadora. Sus notas eran buenas, incluso excelentes en algunas materias, y aunque no tenía muchos amigos, se relacionaba sin dificultad.

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Lo confirmo

Cuaderno de bitácora 4

Hoy es posible que hayas visto un gran número de señales de algo inequívoco. Algo inédito. Puede que irrepetible. Pero puede ser que la dedicación que le pones a tu rutina de hormiguita no te haya permitido apreciarlo.

TE EXPLICO.

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Murphy, te odio

Eddie Murphy

Eddie Murphy, con cara sospechosa

Al menos puedo decir que lo hice.

Ahora que ya está la suerte echada, me asalta la curiosidad. ¿Qué pasará mañana? ¿Qué dirán de mí? ¿.Llegará mi nombre a ocupar unas breves líneas de la BBC? (Sin foto, espero).


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Qué echaría de menos si volviera a España

Cuaderno de bitácora 3

paisaje naturaleza amanecer

Estoy en racha fotografera

Escribo esta entrada muy de rebote. La encontré en el blog de Burdon, Perdido en el Norte, que a su vez escribió por una propuesta inicial desde La libreta roja, y aunque ya había leído el tag hace unos meses, es ahora cuando siento que realmente puedo contestar a la pregunta.

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