El hilo rojo de las rosas (Parte 2)

Continuación de “El hilo rojo de las rosas” (Parte 1):

 

-¿Y qué hay de nosotras? ¿Tenemos un hilo rojo también?– dijo Rosa.

-¿Cómo vamos a tener nosotras un hilo rojo? Esos son cosas de los “sin raíz”. ¿Verdad, Mamá Coigüe?– dijo Flor.

Tras un largo silencio, respondió Mamá Coigüe, mientras se desperezaba agitando sus largas ramas.

-Nosotras no necesitamos tal cosa.

El hilo rojo del que hablan es su alma gemela, ¿verdad?– insistió Rosa.

-Algo así. Lo que entienden los “sin raíz” por el extremo del hilo rojo del destino es alguien muy afín a ellos, con el que sienten una conexión especial.

-Qué bonito sería ser un “sin raíz” al menos una vida para encontrar ese vínculo… – dijo Rosa, meditabunda, mientras miraba a las dos amigas sentadas junto al río.

-¿Lo ves? Te lo dije– le interrumpió Flor, con aire triunfal, dejando a Rosa con los pétalos encogidos.

-No obstante –prosiguió Mamá Coigüe– bien es sabido que no es tarea sencilla. Los “sin raíz” a menudo dedican años en la tarea, buscando el extremo de su hilo por todas partes. Recuerden, ellos tienen pies.

-Entonces, ¿no estamos conectados a nada?

-Nada más lejos, Rosa. El hilo rojo del destino, si es que existe tal cosa, en cierta manera, no nos es del todo ajeno. Nuestra conexión no es tan solo un hilo, son ramificaciones que nos dan la vida y nos mantienen con ella.

¡Nuestras raíces!– dijeron Rosa y Flor al unísono.

-Así es. Nos hacen conectar con la tierra a la que pertenecemos. Y esta unión no es despreciable. Es un vínculo poderoso. En nuestro ciclo de vida no existe una búsqueda incesante de algo que nos llene, que nos complemente. Todo lo que necesitamos está aquí y ahora. No hay una mitad que buscar, ni un destino por hallar. La vida es simplemente existir. Fluir.


Estas palabras dejaron a Rosa y a Flor reflexionando.

-Quizás los “sin raíz” debieran aprender un poco de nosotras– agregó Rosa.

-Quizás.-concluyó Mamá Coigüe.

 

Y allí se quedaron en silencio las dos amigas y sus espectadoras, contemplando la puesta de sol más allá del río.

elhilorojodelasrosas

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Un comentario en “El hilo rojo de las rosas (Parte 2)

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