Somos lo que pasa

Un día dejó de haber un motivo que me hiciera levantarme, así que me senté a ver pasar.

Pasaba la brisa, la gente, el ruido de los coches, animales con forma de nubes.

Pasaba todo.

Y pasaba nada.

Tiempo de vidas paralelas. Conversaciones que no llegaron. Situaciones que jamás se dieron. De aquel entonces tengo una pila de negativos que nunca revelé. Marcos rotos sin fotografías. Invitaciones a eventos a los que no acudí.

Entretanto, yo esperaba, pacientemente sentada, que algo trascendental me diera en el hocico. Algo repentino, con luz de rayo y ruido de trueno. Que hiciera un chasquido al llegar. Algo grande. Algo que no llegaba.

Y nada pasaba. Y nada pasó. Salvo tiempo a borbotones, inundando casas.

Y me vi un día con tal maraña en la cabeza, que eché a andar.

Y seguí andando.

Y de tanto que vi, aprendí algo.


No somos nuestras ideas, nuestros pensamientos. Nuestros anhelos más fuertes. No somos la intención vacía, nuestros “mañana lo haré”, nuestras disculpas atragantadas, lo que no dijiste, los viajes que harás, una lista por hacer, proyectos sin fecha de comienzo, ese mueble roto por arreglar, esa invitación al cine que nunca le propusiste, ese color del que siempre quisiste pintar las paredes, o tu pelo…  Los besos que no damos, los abrazos perdidos, lo que no perdonamos, lo que nos quema por dentro y arde por salir.

Y entre todo eso, no soy las ocurrencias que guardo, mis despedidas mentales, mis explicaciones que no acaban, mis diálogos con la luna, mis deseos en un cajón, mis pesares, mis manías, mis miedos, mis ganas de verte silenciadas, mis borradores inacabados.

Porque no soy nada de eso, si todo queda en mí.

Nada de eso vale. Nada de eso cuenta.

Porque en ti, solo vives tú.

Somos lo que pasa.

Somos lo que hacemos. Los pasos que damos, aun con tropezones. Lo que nos atrevemos a contar, a decir, a perdonar, a sentir, todo eso que damos.

Somos nada más y nada menos que todo eso que llevamos dentro, una vez lo compartimos.

Porque somos lo que nos atrevamos a brillar.

Porque los momentos mágicos en la mente no saben a nada, a menos que los pintes de realidad.

Somos lo que pasa. Y lo que no, no.

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.” (W. Shakespeare).”

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6 comentarios en “Somos lo que pasa

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