Las tres meigas. Capítulo 1.

Capítulo 1. La meiga chica

La meiga chica es una hechicera y su poder es controlar el tiempo.

Se despierta y al abrir los ojos, con su particular parpadeo, ella para el tiempo.

Así, a las 24 del día, ella va sumando horas, jamás en números impares. Pares, siempre pares.

Manías de meigas.

Se prepara en un plis y se apresura para llegar a tiempo al río.

Allí, con una hoja se hace una barca y va río abajo, con un zurroncito bien sujeto, pegado al pecho.

Curiosa como gato, pequeña como hada, va atenta a todo, observando.

Atenta a los murmullos de los árboles, al vuelo de una mosca. A todo presta atención, no se le escapa nada con sus redondos ojillos marrones, viendo pasar el bosque y sus habitantes hasta llegar a su destino.

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Cuando llega, baja deprisa de la hoja y se dirige a sus quehaceres andando deprisita y corriendo.

La mayoría de los días se entretiene cogiendo ingredientes para sus pócimas. Ingredientes que coge de las plantas y la tierra, con los que inventa recetas que curarían hasta el peor desamor. Y con ellos, crea bebidas de hierbas y ungüentos para tratar de parar también el tiempo en su rostro.

Tras esto, sigue andando. Deprisa. Siempre deprisa. Pues corre tras el tiempo.


Con esto y todo, una vez llega a casa, todavía no para quieta la meiga chica.

Tiene un hogar pequeño, acorde a su tamaño, y lo adereza con retales del propio bosque, cultivando múltiples especias.

Y a ratos, va pegando uno a uno, con mucha miel, a una pared de su cuarto, los pétalos más hermosos del camino, para deleitarse al verlos cada día.

Y así pasa los días ella, decorando su casita con plantas, cocinando nuevas recetas y recolectando pétalos para su colección.

También, en aquellos días en que se encuentra menos volátil, cierra los ojos, y se para por momentos, a escuchar y aprender del silencio.

Pero sobretodo, como no podía ser menos en un ser tan inquieto, adora el baile, y siempre se asegura de guardar algunas horas del día para bailar salsa con la luna al caer el sol.


Ay, meiga, quién pudiera verte todos los días un rato, aunque fuera revoloteando.

Y quién pudiera, como tú, parar el tiempo con sus manos.

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2 comentarios en “Las tres meigas. Capítulo 1.

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