La habilidad de Mario y la chica de la oficina

Mario tiene unos kilitos de los que dicen que están de más y empieza a tener una carencia de pelo notoria a sus 36 que no se molesta en disimular. Se levanta todos los días a las 6, y una vez vestido, a falta de los pies, abre el segundo cajón de la mesilla de noche, y escoge, sin mirar, dos calcetines sueltos. La licencia que se permite para ponerse un calcetín aleatorio en cada pie, es la concesión sistemática que está dispuesto a dejar al azar, como si de esa forma, los imprevistos que se pudiera encontrar el resto del día fueran menos en número, y en caso de darse, más llevaderos.

Mario casi nunca recuerda un nombre. Pero sí una cara, y cómo se sintió cuando estuvo con ese alguien cerca. De esta forma, percibe al común de los mortales con un matiz grisáceo, uniforme y apagado, hasta que entabla una conversación con una persona.

Por eso, nunca los divide por gordos o flacos, altos o bajos, guapos o feos. Su habilidad natural se centra en sentir. En dejarse llevar por sus sentidos durante el diálogo, y entender cómo fluye la energía entre ambos.

De esa manera, si alguien le transmite especialmente paz y calma, a sus ojos, esa persona empieza a adquirir un tono turquesa claro, aguamarina. Si, en cambio, el sujeto en cuestión le hace sentir violento e incómodo, lo percibe de color violeta fuerte. Cuando siente atracción por alguien, algo a menudo sencillo de discernir tras intercambiar unas pocas miradas y palabras, ve a esa persona de un color rojo intenso. El rosa predomina si está en una situación cómoda, agradable, o divertida, a menudo en situaciones familiares, percibiendo cierto cariño de la otra persona. Si, por el contrario, por diferentes motivos, siente un fuerte rechazo hacia su interlocutor, lo ve de tono amarillento marronáceo. Y en caso de una persona que le transmite cierto aire de tristeza o melancolía, la ve de un color azul oscuro casi negro.

ojo multicolor

Lo que encierran los ojitos de Mario

En ocasiones, en una misma persona varios colores se pueden entremezclar, pero suele ver un tono predominante.

Desconcertante ha sido conocer a Rosa y no detectar un color ganador en ella. Presenta matices rosáceos cuando no para de hablar y se ríe de esa manera suya, creándose una arruga leve en la nariz. Pero es tan volátil, que tan pronto está rosa, contando la última travesura de su perro Mino, como azulada, hablando sobre su pasado, sin deslucir del todo los brillos rosados que quedan, y suelen permanecer en ella unos tenues rayos verdes, al hablar del campo y su niñez, haciendo que afloren a ratos tonalidades rojizas.

Así es Rosa, y así es cómo ve Mario a la chica multicolor de la oficina.

 


instagramLlaysha.28

 

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22 comentarios en “La habilidad de Mario y la chica de la oficina

  1. Siempre tan enigmáticas tus historias. Es una buena virtud saber reconocer a la gente, al menos lo que le transmite, por los colores. Y escoger un calcetín de forma aleatoria demuestra que le trae al pairo lo que digan los demás Me cae bien Mario. 🙂

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  2. No había venido por aquí antes, quizás por el temor de seguir encontrando escritos como este que me hagan pensar: “yo quiero escribir así”. Me encantó la historia y más tu forma de escribir, sin duda alguna, cuánta hermosura tiene la óptica de Mario, sobre todo en ciudades grises como Lima, cuánta resolución puede abarcar el amor en una persona, en un mundo de 4K, en un mundo de números sin memoria.

    Un abrazo fuerte 🙂
    Pablo

    Le gusta a 1 persona

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