En casa

Cuando llegues a casa todo el mundo te dirá que si volviste por el tiempo.

Esa cosa de querer resumir las islas en un paraíso (que lo es) donde solo hay mucho sol y playa.


Un canario/a lo abrevia en eso por no gastar saliva, porque cuando quieras abrir la boca para matizarlo, te van a sonreír, comprendiendo sin necesidad de explicaciones.

(“Claro, muchacha, ¿dónde vas a estar mejor que aquí?”).

Pero verás que, si te paras a pensarlo bien, no es algo que sepas responder fácilmente.

Porque es un popurrí, un batiburrillo de cosas que no son cosas.


Que claro que estando fuera echas de menos lo típico:

– el CLIMA (o cada uno de ellos, con nuestros microclimas por zonas);
– la GENTE (tan cercana como si fuera familia, y es que, en cierta manera, lo es);
– y la COMIDA (ni que decir que, a las papas con mojo, al bocadillo de calamares con alioli y a una pella de gofio, nada le hace sombra).

Pero es más que eso.

No es por el blanco de la espuma o la sal de la marea.
Ni por el azul del cielo despejado que el mar refleja.
O por el amarillo de la arena brillando con el sol.


Sobre todas las cosas, lo que yo más echaba en falta era la versión de mi propia persona estando en mi tierra.

Saludando a la de la tienda con un “mi niña” sin que suene raro.
Yo, descalza, una vez más, cubierta de salitre, pisando charcos, con la piel morena y el pelo más revuelto.

Porque estoy en casa, y eso me hace un poco más feliz, siendo tan yo.

Y si se te escapa decir que has vuelto de tierras inglesas, seguirás escuchando la misma retahíla: “¿Por el tiempo, no?”

Sí, claro. — dirás.

Y sonríe. Que no hace falta nada más.


* Y hoy amanece tal que así en un punto de mi isla, y no por eso deja de ser bonita.

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En mi islita también llueve, y con ganas.


_Llaysha_

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8 comentarios en “En casa

  1. Tengo que reconocerte que siento envidia del sentimiento tan bonito que le profesas a tu tierra. Yo nunca he sentido eso hacia la mía, y estando lejos de ella nunca la he añorado, de hecho, no quería ni volver 😀
    No obstante, entiendo que te sientas más libre y comprendida en tu hogar. A mí me ocurre a la inversa, cuando más yo mismo me siento, es cuando estoy rodeado de extraños que no conocen nada de mí; ese es el momento en el que soy libre.
    Un abrazo.

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    • Bueno, eso va en cada uno. Yo en su momento me quise marchar y vivir cosas en el extranjero. Tuve la suerte de poder hacerlo y lo disfruté mucho. Ahora, siempre sabiendo lo que dejaba detrás.
      En tu caso, qué puedo decirte. Es una pena que no te sientas libre con los tuyos.

      Un abrazo.

      Le gusta a 1 persona

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