Cómo acabé durmiendo con gusanos

Cómo se llega a dormir con gusanos es una cuestión que no pensé que tendría que responder tras mi viaje a Gambia. Pues bien, no sé cómo, pero así fue, ¡y en la primera noche!

Río Gambia desde el aire.

Te pongo en contexto, el mes pasado, concretamente el sábado 13 de julio, viajé desde Las Palmas de Gran Canaria (Canarias, España) a Banjul (Gambia, África).

El grupo de 11 personas que debíamos ser (contando a Raúl, el coordinador), fue llegando durante todo el sábado a cuentagotas. Las primeras en llegar, Vero (una gaditana muy linda y muy simpática) y yo, tuvimos la suerte de conocer al grupo anterior, que se marchaba ese día (salvo uno de ellos, Aitor, que se quedaba y se unía a nuestro equipo).

Pues, igualito que en una peli de miedo, justo antes de irse, una de las chicas que volvía a España nos dijo que por la noche había una sorpresa, pero no conseguimos sonsacarle a qué se refería.

Así quedó la cosa.


Llegó la despedida de los que se iban, “adiós, adiós”, y toda la intriga por “la sorpresa” se desvaneció rápido con la llegada del resto a Bijilo, que es donde pasaríamos las primeras noches (a falta de un chico vasco que llegaría de madrugada).

Presentaciones, cena, risas, todo estupendo, y al caer la noche, cada uno con su mochila a su cabaña correspondiente. Durante la primera noche y la segunda dormía cada uno en su choza individual. Genial. Sola ante el peligro.

Cabe recordar que cuando visitas África en plan mochilero, estando donde estaba, lo primero que hice fue revisar bien la estancia (lo cierto es que esta manía obsesiva-higiénica-antibichos que te hace chequear cada escondrijo del lugar donde vas a dormir se te quita en dos o tres días, a lo sumo).

Hallazgos reseñables:

De debajo de la cortina que cubre la puerta y roza el suelo, una araña negra y grandota sale correteando hacia un pequeño sofá que está junto a la puerta. Recuento de cucarachas: cero (al día siguiente me dijeron algunos sus odiseas con estos huéspedes). Y cero ciempiés o escorpiones.

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La choza del terror.

Inciso 1: Durante la preparación del viaje me tuve que vacunar de fiebre amarilla, hepatitis A y fiebre tifoidea, y lo único que me preocupaba era la transmisión de malaria a través de la picadura de mosquitos, por lo que a diario tomaba un antimalárico y me esparcía un aura de spray antimosquitos que no sirvió de mucho. ¡Ah! y probióticos (por aquello de cuidar que no me sentara nada mal al estómago. Objetivo cumplido). En los viajes, en mi infinita sabiduría (o ignorancia) por abogar por ir a ciegas, no había pensado en bichos varios, como ciempiés o escorpiones, que luego sí que vi en otros campamentos donde nos quedamos. This is Africa. Sorpresas cada día.

Volvamos al tema. Me ducho, me pongo el pijama (me duró un minuto puesto, por el calor), y me meto en la cama con una libreta pequeña que suelo llevar a los viajes donde apunto cosillas.

Empieza la “fiesta”. Y más quisiera yo que hubiera sido una noche con cóctel de estrellas, djembes y didjeridoo como el fin de semana pasado, que lo pasé con unos amigos de acampada.

Pero no, queridos. Bastante diferente fue la cosa…


Me meto en la cama, rectangular, hecha de cañas, cubierta perfectamente con mosquitera y ¡qué asco! Dos gusanos enanos, blancos, vivitos y coleando encima de las sábanas.

Inciso 2: Justo antes de irnos a dormir cada uno habló de aquel animal que le daba un repelús especial. Salieron a la palestra serpientes, cucarachas, ratas y no sé qué más. Y ni yo caí en lo más asqueroso del mundo, GUSANOS.

Los aparto asqueada y me tumbo boca abajo para escribir. Cuando llevaba unas líneas me noté algo, una cosquilla pequeña en un muslo. Le di un manotazo sin mirar, pero de repente, ¡¡ostras!! que puede ser otro bicho chungo.

Me miro esa zona del muslo. ¡Otro gusano! Mierda. Y otros pocos más. ¿Hola? Los aparto, y ya me pongo de pie en la cama, semidesnuda como estaba, a inspeccionar la cama de nuevo. Más gusanitos vivos saludándome. ¿¿De dónde coño salen estos gusanos?? Pues desconcertada es poco. Yo no tenía ni idea de dónde venían los gusanos, porque seguía apartando y esporádicamente aparecía uno nuevo…

Inciso 3: Durante esta odisea horrible me acordé de la sorpresita nocturna de la que nos habían hablado. Pero gusanos, ¿en serio? Cuando conseguí señal de wifi avisé por el grupo de whatsapp que teníamos a los demás, pero estaban durmiendo y no respondieron, y el coordinador tampoco fue un recurso, porque estaba en el aeropuerto esperando que aterrizara el chico que faltaba por unirse al grupo.


Al final, después de un rato de achicar gusanitos como si fuera agua en una balsa, me fijé. Estaban cayendo de la parte alta de la cama, colándose por la mosquitera. Sí, un ascazo. En fin, no sé cómo, pero conseguí abstraerme y echarme a un lado (colocando la cabeza hacia donde me pareció que había menos gusanos en la mosquitera) y me puse una mano bajo la cabeza (que casi me la tienen que amputar, de lo dormida que se me quedó), y la otra cubriendo la oreja expuesta (no fuera que encima me cayera algo dentro del oído, lo que me faltaba).

Ya sé. Lo más sensato hubiera sido salir y avisar a alguien del grupo, pero siendo la primera noche, no tenía confianza ninguna para ir a aporrearle la puerta a nadie, y estando el coordinador fuera, opté por táctica de supervivencia. Hacerme la muerta (aunque eso a estos amigos viscosos les da igual), un zurullo en este caso, e intentar dormir. Una hora creo que lo logré. Me desperté con mil calambres por mantener la misma postura, y vaya fortaleza mental la de notar cosas de vez en cuando y dar manotazos sin mirar.

Esto de dormir con gusanos me debe homologar mínimo el título nivel 5 de mochilera y exploradora.

En serio, fatal. Vaya mala noche de bienvenida en un nuevo continente.

Al menos, en lo demás, todo fue a mejor exponencialmente.

P.D. A la mañana siguiente supe que la sorpresa a la que habían hecho alusión era que por la noche los murciélagos iban a por los mangos y éstos caían de los árboles y se oían de repente cosas cayendo contra el techo de las cabañas.


* Sobre esta anécdota lancé una encuesta por Instagram, a ver si adivinaban con qué bichos había dormido, y creo que solo acertaron los que estaban conmigo en el viaje. Todo el mundo creyó más factible chinches, cucarachas o arañas.


En fin, ruegos y preguntas, siéntanse libres de dejarme un comentario, que los leo y respondo encantada.

Un abrazo gigante, ahora desde Madrid.

Yai


instagram

_Llaysha_

7 comentarios en “Cómo acabé durmiendo con gusanos

  1. 😂😂😂😂😂. Bueno, parte de la historia ya me la habías contado, pero eso de que los gusanos cayeran del techo… me parece terrorífico nivel cucaracha voladora 😱😱😱😱. La pena es que no tuvieras confianza con ningún compi para que te acogiera en su choza, porque aguantar toda la noche con los gusanos tiene un meritazo. 👏👏👏👏👏 Yo me parece que habría lanzado una bomba de humo y habría salido haciendo la croqueta, jajaja.
    Un abrazo.

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    • Merece la pena leer la historia entera, porque creo que es muy heavy haberlo resistido jajaj. Sí, sí, imagínate el cuadro. Llega a ser el tercer día y me acoplo en cualquier choza, pero claro, day 1, me aguanté 😅.

      No sé yo la croqueta, esquivando la araña que confiscaba la puerta… Jajaja.

      Un abrazo, niño, y gracias por estar por aquí, que todo el mundo andará de vacas 😜.

      Le gusta a 1 persona

  2. Pingback: Cómo acabé durmiendo con gusanos — El pensadero de Yai – Alba Montero Chavarria

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