Una única cosa

— Señora, se lo repito. Los demás vecinos ya han sido desalojados y las llamas se están acercando. Tenemos que irnos ya.

Pero, ¿solo una cosa ha dicho?


— Sí, coja lo más valioso que tenga y vámonos.

La señora se giró, y fue mirando una a una sus posesiones y vio arder en su cabeza todo lo que tenía a su alrededor.

Fue directa, cogió en brazos a su gato, cruzó la puerta de la entrada y volvió a mirar atrás.

Se despidió de su casa, de sus cosas y, finalmente, de su Síndrome de Diógenes.

Gato negro

Mi gordito, Ania.


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_Llaysha_

13 comentarios en “Una única cosa

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