Qué me pasó antes de ir a Cuba

Pues como suele suceder (al menos a mí) a la vuelta de un viaje, se viene el proceso de digestión lenta de lo vivido. Se suele suceder la mayor parte cuando te incorporas a tu realidad y a tu rutina, en caso de tenerla. En mi caso, estaba en un punto de inflexión extraño. Decidí irme a Cuba como hago casi todo, creo, sin pensarlo demasiado. Había estado en África dos meses antes en un viaje algo alternativo y aunque, por supuesto, fue una experiencia enriquecedora, curiosa y muy movedora por llamarlo de alguna forma, me seguía encontrando perdida.

Te pongo en contexto, por si te has quedado tan perdido como yo. Estuve casi tres años viviendo en Reino Unido. Que se dice así muy rápido, pero mi disgusto me costó. A nivel personal y laboral di pasos hacia adelante y hacia atrás, palos de ciego (como hubiera hecho en cualquier lugar, claro) y traté de obtener lo mejor que podía de la situación, que fue bastante complicado y duro, teniendo en cuenta que curraba a diario sobre 10-14 horas al día, entre otras curiosidades. (Madre mía, tengo que escribir sobre todo aquello. En otra entrada, prometido).

En definitiva, cuando regresé a Canarias, no me quedaba nada, la verdad. Pero cero drama. Lo interpreté (y lo sigo viendo así) como algo natural. Mis amigos y familiares más cercanos estaban repartidos por la Península Ibérica y a mí me correspondía empezar desde prácticamente cero. Otra vez. Eso sí, en un territorio más amable, porque al menos es el que me vio nacer y podía contar con los míos, con los que quedaban por Canarias (porque buen tiempo y todo bueno, sí, mucho, pero lo que es trabajo, muy poco).


Pues en esa vorágine de sentimientos a mi regreso, decidí irme de viaje a Gambia, donde, entre otras cosas, dormí con gusanos. Esa historia fue de locos. Pero culminó como prueba superada y regresé sana y salva a casa (Gran Canaria). Estando mano sobre mano, como se suele decir, con la mente en estado pseudocomatoso (recordemos, ni-ni* de veintilargos regresa a su país para rehacer su vida) me arrolló un sentimiento abrumador de inutilidad y de fracaso. Puede ser que huyendo de eso, después del viaje a Gambia, decidí hacer un viaje a Cuba. Fue algo que no había planeado, pero lo vi y para ser honestos, pensé: “¿Cuántas ocasiones tendré de pegarme una escapada de dos semanas para cruzar el charco una vez encuentre un nuevo trabajo?” Pa’ llá que fui.


Se me ha quedado un poco largo el relato de mi historia más reciente, así que mejor lo divido. Prometo traer estos días un resumencito breve sobre mi estancia en Inglaterra y mis impresiones sobre Cuba y mi experiencia particular.


*Ni-ni: ni estudia, ni trabaja. Por suerte, ese estado ha mutado a otro, el de becaria (esto ya te lo cuento otro día).


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_Llaysha_

3 comentarios en “Qué me pasó antes de ir a Cuba

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