Vocación o esclavitud

En este entorno tan apocalíptico que estamos viviendo, me encuentro reflexionando y siento una vez más la necesidad de compartir mi visión sobre mi estilo de vida actual, en concreto refiriéndome a lo laboral.

En su momento hablé de la rutina que seguimos muchos de nosotros en La revolución industrial de las hormigas.


Breve introducción

Como ya sabrán, soy veterinaria, y les conté en detalle Mi experiencia en Reino Unido trabajando como Veterinaria Oficial en Inglaterra para Eville and Jones.

Cuando volví a España el verano pasado cambié completamente de registro. Comencé un internado en clínica de pequeños animales (mundo caótico donde los haya) y les voy a contar un poco a qué viene este título.

No les voy a narrar las peripecias que hay que realizar en un trabajo en el que partes de casi cero, porque seguro que se lo pueden figurar. Como en cualquier puesto de trabajo, los comienzos son duros.

Ahora bien, en esta profesión tropiezas con muchas ideas equivocadas del público que visita una clínica con su mascota o del público en general, que desconoce las labores de los veterinarios y sus funciones.


“But …are you a proper vet?”

Con demasiada frecuencia escuché esta pregunta en mataderos de Reino Unido, queriendo decir: “¿Eres veterinaria de verdad?”

Nadie se creía que aquella muchacha flaca y aparentemente frágil iba a estar en aquel matadero pasando frío, entre el ruido y la sangre, de haber podido estar en una clínica con perros y gatos en la que recibes bombones día sí, día también (doy fe de esto último). Y lo más importante quizás, el trato directo con animales cuyo cometido no es entrar en la cadena alimenticia, además del afecto y respeto de algunos propietarios en lugar de estar discutiendo con ganaderos y dueños de mataderos por qué su oveja/cabra/cerdo/vaca/caballo/gallina/ganso no es apta para consumo humano.

Difícilmente comprensible si lo expongo así, pero no es oro todo lo que reluce y paradójicamente, me he encontrado echando de menos algunas facetas de mi vida en Inglaterra.


Responsabilidad inversamente proporcional al reconocimiento

Para empezar, el peso de la responsabilidad que sientes es enorme. Soy médica de animales, y es una gran carga sobre tus hombros, tienes vidas en tus manos. Evidentemente, he de decir que trabajar en Sanidad Animal es sin duda un papel clave para la sociedad en su conjunto, y requiere un compromiso y un sentido del deber igual de grande.

No obstante, si hago comparativa, lidiar con el dolor día a día, no solo de los animales sino también de sus familiares, puede llegar a abrumar.

En este sentido reflexiono sobre la percepción que se tiene de los veterinarios de clínica de pequeños animales desde la sociedad, si nos comparamos con médicos por ejemplo.

Sin entrar en que a menudo se nos exige un 100% de acierto en el diagnóstico de la patología con una sola consulta, con la dificultad añadida de que nuestros pacientes no pueden hablar, hay que tener en cuenta algo. Las pruebas diagnósticas son esenciales para llegar a la raíz del problema, pero no olvidemos que hay familias que no pueden hacer frente al costo de una consulta y mucho menos a las pruebas necesarias, por lo que muchas veces nos llegan los pacientes en estadíos avanzados de enfermedad, con daños irreversibles y un pronóstico poco favorecedor o nefasto.


“El veterinario es caro” “La culpa es suya”

¿Somos conscientes realmente del costo de la sanidad pública? Las pruebas que las personas nos hacemos cuando vamos al médico también tienen un precio, pero como no tenemos que desembolsarlo en el momento, de alguna manera olvidamos el valor real de las cosas.

Por desgracia, no es nada surrealista encontrar propietarios que aluden a nuestra falta de vocación por no atender a un animal que nos traen con la frase inicial de “No tengo dinero para pagarte, si no lo atiendes eres un/a mal/a veterinario/a, eres tú el que lo deja morir”.

Ante este argumento he decir que no sería moral no atender un animal que está crítico, iría en contra de nuestro código ético. En tal caso, se atiende con los cuidados básicos hasta estabilizarlo, pero no más. No hay que olvidar que tener un animal es una responsabilidad gigantesca y si hablamos de recoger un animal de la calle o adoptar de albergues o perreras es una labor muy loable, por supuesto, siempre que nos hagamos responsables de cuidarlo o de buscarle un hogar donde sus necesidades estén garantizadas.

Lo que no es justo ni maduro es tener un animal y no querernos responsabilizar de él y endilgarle el peso y la culpa al veterinario/a de turno, que no está en su puesto de trabajo como integrante de una ONG, sino como trabajador de una empresa privada. Suena crudo quizás, pero extrapólalo a otros ámbitos. Un dentista no hará su trabajo de forma caritativa a pesar de que necesites fervientemente sus atenciones, lo mismo con un entrenador personal, que puede ser muy necesario en tu vida pero no regalará su tiempo para tal fin.

¿Significa eso que no tienen vocación por su trabajo?

Yo con un pequepaciente.

Esclavitud justificada

Por otra parte, está la creencia popular en este gremio de que hay que regalar horas, gratis, muchas, seguidas, sin descanso ni reparo alguno. “Así es como aprendes”, dicen.

Desde ese punto de vista tan extremo que se me pone en la mesa me planteo si es que no siento pasión por esta profesión tan vocacional, porque más bien lo veo como una esclavitud extrañamente extendida y justificada. Y a pesar de entenderlo así, yo también lo he hecho. He tenido turnos muy largos a los que añadí innumerables horas posteriores por quedarme a ver tal cirugía, una consulta o un procedimiento.

Y aunque he aprendido, esto es innegable, lo conseguido a corto o medio plazo incluye unas ojeras permanentes, un ciclo de sueño totalmente alterado, descuidar mi vida personal y social y bajar 3 kg de peso en unos meses.

Atacada por un felino asustadizo

Conclusiones

Todo esto para aprender más en menos tiempo, pero ¿es necesario este ritmo?

Me cuestiono si no querer regalar todo mi tiempo significa que esto no es para mí. Me respondo que sí al recordar algunos pacientes que me han enamorado o cada vez que un propietario satisfecho me pregunta por mi nombre con una sonrisa o cuando marcha totalmente recuperado un paciente que ha estado ingresado. La satisfacción al realizar este trabajo y la gratitud que se siente de vuelta son suficientes para querer dedicarle mucha dedicación y tiempo, pero sigo creyendo que otras maneras de formación y aprendizaje son posibles.

Y que mi vocación por mi profesión no justifica aceptar cualquier tipo de condiciones laborales.

Por suerte, acaba de salir el primer convenio de veterinarios a nivel nacional, y ha supuesto el fin de los turnos de 24 horas seguidas trabajando ¿te imaginas que te atienda un médico después de más de 20 horas trabajando? ¿Cuál es el máximo número de horas seguidas que has hecho en tu trabajo? Es lamentable pensar en la precariedad de los sanitarios en este sentido.


¿Cómo lo ves tú? No solo la veterinaria, cuéntame acerca de lo que haces, ¿lo consideras vocación o esclavitud? y en base a tu respuesta, ¿es así como quieres vivir tu vida?

Como siempre, les leo muy atentamente en los comentarios. Un abrazo fuerte desde Canarias.

_llaysha_

9 comentarios en “Vocación o esclavitud

  1. Todos los trabajos tienen mierda, y esa mierda engloba horarios criminales, clientes deslenguados, jefes capullos… en fin, todo lo que abordas. Lo que a mi modo de ver tienes que preguntarte, por lo que planteas de la vocación, es si la felicidad que sientes cuando un animalito te da besitos por curarlo o un cliente te sonríe y pregunta tu nombre para darte las gracias, es mayor que toda esa mierda. Si es que sí, estás donde debes estar. Y si es que no, tal vez te hayas equivocado de oficio.
    Por suerte para ti, no eres de las que se aferran a algo por miedo/comodidad. Si algo no te satisface, cámbialo. Aunque viendo las fotos y vídeos que de vez en cuando compartes en Instagram, yo me aventuraría a decir que estás donde tienes que estar. 😉

    Yo nunca recibo una sonrisa por hacer mi trabajo, ni tan siquiera un simple “gracias”. Sé que el cliente está satisfecho por el ingreso que me hace en el banco. De hecho, ni siquiera sabe quién soy. Trago mierda, mucha; pero escribir, aunque no sea sobre lo que me gusta, me hace feliz por muchos motivos.

    Un abrazo.

    P.D. Tienes que leer ‘La sombra del viento’ de Zafón. Lo encontrarás muy didáctico.

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    • Desde luego que sí, sé que es habitual en cualquier trabajo, pero lo que me choca y me apena es que estemos ya acostumbrados a ese hecho. Aguantar malas condiciones por vocación es casi tan malo como hacer un trabajo que no te llena nada, a mi parecer.

      Ya me conoces bien, estoy en parte a gusto pero tengo las alas recogidas deseandito desplegarse.

      Me alegra que ya estés metiendo un pie en el mundo de la escritura aunque no sea exactamente en lo que quieres, pero veras que te ayuda a seguir caminando en esa dirección.

      P.D. “La sombra del viento”, un gran pendiente. Gracias por recordármelo y por el dialoguito. Un abrazote.

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  2. Pingback: Vocación o esclavitud – Salud Agroambiental

  3. Hola Yai!
    Me ha encantado el artículo(como siempre 🙂), lo comparto en mi asociación y en mis redes con tu permiso.
    Hace un par de años trabajo en urgencias de un hospital, y trabajé en Quirofano, en planta, y donde me manden. Y la gente que formamos la asociación, trabajamos todas en sanidad, así que te entiendo perfectamente y más con los tiempos que corren.
    No trabajo allí por los aplausos ni por los bombones, pero muchas veces, los gritos de un paciente (nuestros pacientes pueden hablar palabras, y muchas veces no agradables como imaginarás),te hacen pequeñita y anulan todas las caras felices y gracias de toda la semana.

    Sinceramente, no estudié esto por vocación, y empecé a trabajar de ello de rebote, pero ahora mismo me llena muchísimo.

    Mi otra pasión es la gestión de residuos, que si que lo estudie por vocación, pero no puedo trabajar de ello exclusivamente, por eso de comer, pagar facturas, vivir…
    E imaginarás el muro contra el que lucho.
    Doy charlas, promuevo iniciativas ( realizadas y pagadas de mi bolsillo), todo para concienciar que el futuro depende de nosotros. Que tierra solo hay una, que el cambio climático es real, y que el mundo y el ser humano necesita reciclar y no gastar recursos… y es luchar contra un muro.

    Da igual lo claro que expliques el trabajo que hace Ecoembes, los gestores de residuos, las chatarrerías, la necesidad de reciclar hasta la más mínima lata de refresco. Vivimos como si esto no fuera con nosotros, como si el futuro fuera algo lejano, y las consecuencias de nuestros actos las estamos viendo cada día.

    Me encanta lo que cuentas y como lo cuentas. Ahora mismo tengo en casa dos gatas mías, y soy cada de acogida. Pero tengo clarísimo que no voy a abarcar más animales de Lis que pueda permitirme o mantenerlos y proporcionarles una estabilidad, por mucha pena que me den las publicaciones. Si fuera por mi, acogería 1 no, un ciento de animales, pero entiendo que cada uno merece recibir su espacio, su cariño y su atención.
    Tener esa carrera, ser veterinaria, te ha costado, tu tiempo, tu dinero, tu estabilidad emocional. No lo regales; regala el tiempo que quieras, que necesites para ser feliz, pero primero piensa en ti, porque si tú no estás bien, tu vida se tambalea, y lo primero se necesita un poco de estabilidad emocional para vivir y seguir adelante.

    Muchos besicos desde Zaragoza 🙂😘😘

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    • Tienes permiso para compartirlo, faltaría más, yo te lo agradezco con el corazón. 🤗

      Me encanta ver que aunque no te dediques a ello por el tema económico, te mantengas activa y a tope con lo que realmente sientes que es tu vocación.

      Ya he llegado a esa misma conclusión, y a muchas más relacionadas con el tema laboral pero se me quedaba ya demasiado largo el post (quizás haga una segunda parte 🙂). Pero sí, que hay que conservar la cabeza fría y buscar el equilibrio entre todo para que una vocación no se convierta en esclavitud.

      Gracias por pasarte, un gusto verte por aquí. Nos leemos.

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  4. En casi todos los trabajos se “regala” el tiempo. Yo hace muchos años que no lo hago y no lo haré. En mi ciudad, Bilbao, en un estudio reciente reflejaba que había más mascotas que niños. Y creo que el problema del Covid que tenemos en España tiene algo de relación. No por las mascotas, me explico, la gente va a lo suyo, le importa un huevo los demás, este verano he oído cosas como “hay que aprovechar”, “igual luego estamos peor” para no ponerse restricciones uno mismo y frenar esto entre todos. Ahora vemos los resultados. Llega el problema de nuevo a los ancianos. Y ahora voy a las mascotas. La gente no quiere complicaciones y los hijos o la familia lo son. Dan muchas alegrías pero mucho trabajo y hay que sacrificarse. No es lo mismo, para mí, pero para mucha gente prefiere tener una mascota que “complicarse” la vida. En 20 años en Bilbao igual nos tiene que poner una vía un hamster.

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    • Lo sé, lo de regalar nuestro tiempo es una triste realidad hoy en día en España. Y lo que me cuentas de la situación del Covid no me suena lejano porque también lo he escuchado. Individualismo puro y duro, y en parte supongo que es cierto que buena parte de la sociedad hoy en día busca no complicarse ni implicarse ni sacrificio alguno, pero también creo que es importante el paso de decidir no formar una familia, no todos tenemos por qué hacerlo, y si se prefieren mascotas a hijos pues bueno, eso significa que tendré trabajo por mucho tiempo 😜.

      Un abrazo y gracias por compartir tu opinión.

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  5. Hola, en mi opinión puedes tener un trabajo que realmente te guste mucho y te llene pero no por ello sacrificar tiempo libre, horas de sueño, etc. principalmente porque sino terminas fundida, sino te das un respiro no se puede continuar. Hay que recargar pilas para seguir, al menos así lo veo yo.
    Ser responsable, cumplir con tu trabajo pero también darte un tiempo, porque en esa pausa puedes encontrar cosas que te ayuden luego no sólo a sentirte bien contigo misma sino además que pueden ayudarte en lo que te desempeñes. Me ha gustado mucho tu entrada, comparto mucho de tus planteamientos y reflexiones. Siempre es un placer leerte (tarde pero seguro) Saludos Yai 🙂

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    • ¡Hola, Coremi!

      La delgada línea. Trabajar en un hospital me ha hecho cruzarla hacia un lado y hacia otro en varias ocasiones. Siento que como trabajadora (¡y persona con vida!) no debo regalar mi tiempo a cambio de nada. Tengo una carrera, experiencia laboral y estoy desempeñando un trabajo muy específico. Debe pagarse como tal. Pero entro en conflicto cuando irme a mi hora supone dejar a una compañera sola en su turno y muchos propietarios esperando ser atendidos… En fin, esto da para un debate largo, porque el hecho de que haga horas extras ayudando implica que la directiva no se tome en serio la contratación de personal, o al menos no de forma tan urgente.
      Por supuesto, estoy totalmente de acuerdo en que se necesita un kitkat y tener tiempo de descanso entre turnos, si no, es imposible funcionar.

      Un abrazo bien grande, Coremi. Gracias por la conversación. =)

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