Cenizas

Cerca de 8 biombos mentales custodian todos esos asuntos pendientes con los que tengo que lidiar. Los que duelen de verdad. Son heridas no cosidas que guardo en una caja. Las oculto sistemáticamente, y mi cuerpo se enferma paulatinamente en silencio. Por las noches, cuando está más blando y expuesto, puedo escucharlo. Está llorando. Las heridas no se cierran solas, continúan sangrando, y si me niego su existencia, acaban por supurar. Para curarlas, he de cruzar todas esas barreras, pero, paradójicamente, cada vez que intento llegar al centro de todo, duele más y más. Cada muro que saltar requiere un camino largo y oscuro hacia el interior que me trae caras, recuerdos, lágrimas.

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