Planeta diminuto

Siempre fui un planeta diminuto.

O eso me parecía.

Un pequeño mundo con sus trifulcas y sus mareas.

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El tiempo y eso suyo

Qué bonito debía ser.

Cuando dos enamorados se separaban y esperar y confiar en que cada viernes el cartero suba la cuesta con una carta para recibir buenas nuevas. Y así recordarse o irse olvidando. O cuando una despedida significaba parar el reloj aquí y encenderlo allá.

Cuando su paso era lento.

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