El tiempo y eso suyo

Qué bonito debía ser.

Cuando dos enamorados se separaban y esperar y confiar en que cada viernes el cartero suba la cuesta con una carta para recibir buenas nuevas. Y así recordarse o irse olvidando. O cuando una despedida significaba parar el reloj aquí y encenderlo allá.

Cuando su paso era lento.

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Se ha ido

Puerta entreabierta

Abrir una puerta e irse, sin más.

– ¿La del pelo largo dice? Yo no sé, no puedo decirte porque nada más que la conocía de hola y adiós. Siempre iba con libros, se la veía estudiosa sí… pero ella no se quedó bien después de lo de la familia ¿sabe? Ya casi no se les veía salir juntos de la casa. Yo creo que andaba metida en algo la pobre. – dijo la vecina del segundo.

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