Las cuerdas que no(s) atan

¡SALTA!

Es casi lo único que se oía. Por encima de los otros valientes de edad variable y con más o menos fobia al ridículo y a su propia integridad física.

— ¡SALTA! — escuchaba yo.

Y es que en un parque de camas elásticas y colchonetas y demás parafernalias con superficies para no abrirte el cráneo al caer, pues es lo que tiene. Saltar es lo mínimo que se espera.

saltar

Vale. La foto no es mía.

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Pesaban muy poco pero aplastaban sueños.

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Llevo un par de días soñando contigo.

Que estás aquí, que hablamos. Como si nunca te hubieras ido.

Me es difícil al despertar, porque tengo miedo, miedo de que pase el tiempo y ya no te sueñe.

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