El bosque

Frenó el coche bruscamente a un lado del camino. Salvo algún vecino nuevo con ánimo de explorador, o los ciclistas que cada vez se encontraban más a menudo invadiendo las carreteras, pocos conocían aquel lugar.

Imagen de pixabay

Estaba algo apartado y oculto, en un camino sin asfaltar y sin iluminar, en un lateral de una colina, y para llegar a él había que atravesar un bosque. Pero no era así para Antonio, que había vivido toda la vida allí y había visto su crecimiento con sus propios ojos. Conocía cada recoveco de las carreteras que habían ido extendiéndose como ramas en el terreno.

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La taza de Osmio

Se levantó con la sensación de no haber tenido un sueño muy reparador. Había noches en las que dormir en camas ajenas se le hacía raro. Otras veces dormía con total sosiego, pero aquella había sido una de las menos cómodas. Llevaba dos noches durmiendo en aquel sitio, en aquella cama que no era la suya. Una cama enorme en medio de una habitación amplia y llena de reflejos. Un armario cubierto de espejos ocupa toda la pared del fondo, un mueble de tal anchura que podría esconder varias personas tras las puertas correderas… Y al otro lado de la habitación, justo frente al armario, un tocador sencillo con una simple mesa de cristal y unas luces en lo alto del espejo.

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Las cuerdas que no(s) atan

¡SALTA!

Es casi lo único que se oía. Por encima de los otros valientes de edad variable y con más o menos fobia al ridículo y a su propia integridad física.

— ¡SALTA! — escuchaba yo.

Y es que en un parque de camas elásticas y colchonetas y demás parafernalias con superficies para no abrirte el cráneo al caer, pues es lo que tiene. Saltar es lo mínimo que se espera.

saltar

Vale. La foto no es mía.

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Historia contra el olvido

A mi edad, solo lamento el silencio aplastante del paso de los años y las huellas borradas del pasado. He comprendido, con gran pesar, que la historia de las personas corrientes no se registra. No hay diario posible donde queden grabadas tantas vidas. Su paso por la tierra no supone más que granitos de arena esparcidos por el viento. Por eso me esfuerzo en ahondar profundamente en mi recuerdo. Si acaso lo escribiera más inocuo y liviano para el lector, perciba mi nostalgia y mi ardua tarea en conectar correctamente los datos en orden cronológico por encima de centrarme en el dolor y la muerte. Y como no puede ser de otra forma, cuando se rememora sobre un hecho fehaciente y, a la vez, brutal, escribo como deber hacia aquellos que ya no están. Aquí cuento parte, tal y como la recuerdo, de la historia de mi familia.

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Sucesos

Entra a la cafetería de la esquina a las 7:30, como de costumbre. Es el local de todas las mañanas, el más cercano a la oficina, desde hace veinte años. Saluda a Paco, el dueño, que está poniendo la cafetera, y se sienta en la mesita de siempre, al fondo, junto a la ventana. Cinco minutos después, ya dando sorbos al café solo, se encuentra ojeando el periódico del día.

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La habilidad de Mario y la chica de la oficina

Mario tiene unos kilitos de los que dicen que están de más y empieza a tener una carencia de pelo notoria a sus 36 que no se molesta en disimular. Se levanta todos los días a las 6, y una vez vestido, a falta de los pies, abre el segundo cajón de la mesilla de noche, y escoge, sin mirar, dos calcetines sueltos. La licencia que se permite para ponerse un calcetín aleatorio en cada pie, es la concesión sistemática que está dispuesto a dejar al azar, como si de esa forma, los imprevistos que se pudiera encontrar el resto del día fueran menos en número, y en caso de darse, más llevaderos.

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Aprender a bailar

Siempre desprecié el baile. No es que no lo vea hermoso como arte, que lo es, y lo sé. Soy capaz de apreciar la gracia de los movimientos que van al ritmo de la música. La agilidad, el encanto, la coordinación para clavar un paso en el momento justo, con precisión y fuerza. La belleza que hay en ello, el magnetismo que despierta ver a alguien dejándose llevar y moviéndose al son de la melodía. Y respeto el trabajo bien hecho que hay detrás, las múltiples horas de ensayo que se requieren para ganar esa maestría.

bailar

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La novela

Dos niñas encontraron el libro una tarde bajo un árbol. Se lo intercambiaron durante un tiempo para irlo leyendo simultáneamente, pero se aburrieron en algún punto entre el capítulo dos y el tres. “Mejor jugamos” – dijeron.

Y lo dejaron en la biblioteca de la escuela.

novela

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Colapso

Desde primera hora de la mañana la ha llevado al centro más cercano. Casi de la mano, dejando que andara a su ritmo pausado, enfermita como estaba. Pobre criatura, con solo ocho años de vida. De tener hermanos, probablemente sea la más canija. Tan flacucha y tan débil…

colapso

Mientras la dejamos sola cogiendo resuello, pues el camino hasta allí la ha dejado exhausta, aquel hombre viene conmigo a rellenar el papeleo. Le observo. Mínimamente afligido por la situación. Debe estar sobre los sesenta años, tiene muchas arrugas y el pelo alborotado, intuyo que por las prisas. Cuántas cosas habrá visto ya este señor… me pregunto.

De repente, alguien me llama con urgencia.

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Tag: Los libros de mi niñez

Lo prometido es deuda, así que aquí va mi post tardío sobre los libros de mi niñez, a petición de mi querida Coremi (Saltos en el viento).

tag libros niñez

La historia se puede resumir tal que así.

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Lina

Lina2

Lina no lloró el día que murió su madre.

Tampoco el día que se escapó su conejito Mimo. Era una niña en ocasiones muy introvertida, y en otras podía ser muy curiosa y habladora. Su padre entendía y amaba su forma de ser. Salvo su ligera inexpresividad, era una niña encantadora. Sus notas eran buenas, incluso excelentes en algunas materias, y aunque no tenía muchos amigos, se relacionaba sin dificultad.

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Lo confirmo

Cuaderno de bitácora 4

Hoy es posible que hayas visto un gran número de señales de algo inequívoco. Algo inédito. Puede que irrepetible. Pero puede ser que la dedicación que le pones a tu rutina de hormiguita no te haya permitido apreciarlo.

TE EXPLICO.

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Murphy, te odio

Eddie Murphy

Eddie Murphy, con cara sospechosa

Al menos puedo decir que lo hice.

Ahora que ya está la suerte echada, me asalta la curiosidad. ¿Qué pasará mañana? ¿Qué dirán de mí? ¿.Llegará mi nombre a ocupar unas breves líneas de la BBC? (Sin foto, espero).


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Qué echaría de menos si volviera a España

Cuaderno de bitácora 3

paisaje naturaleza amanecer

Estoy en racha fotografera

Escribo esta entrada muy de rebote. La encontré en el blog de Burdon, Perdido en el Norte, que a su vez escribió por una propuesta inicial desde La libreta roja, y aunque ya había leído el tag hace unos meses, es ahora cuando siento que realmente puedo contestar a la pregunta.

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Tomb Writer.

Les comparto esta entrada magistral, y además, elaborada en tiempo récord, bajo una petición mía para Israel, del blog “El destrío”, con motivo de la reciente apertura de su otro blog “Historias a medida”, donde acepta todo tipo de peticiones. Tú aportas una idea y él te dedica unas palabras (se curra un relato) sobre ello.

¿Mi petición? Que escribiera sobre una joven escritora que tiene miedo a todo.

He aquí su brillante respuesta en forma de relato. Que lo disfruten 🙂

Tomb Writer.

https://historiasamedida.wordpress.com/2018/03/19/tomb-writer/
— Leer en historiasamedida.wordpress.com/2018/03/19/tomb-writer/

PD. ¡Gracias, Israel! Te agradezco el relato y las palabras de ánimo para la Tomb Writer 😊. Además, te superas en calidad y en velocidad a la hora de atender pedidos. ¡Ni en la charcutería te atienden con tanta eficiencia!

Un saludo, compañero.


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_Llaysha_

El escaparate

cristal escaparate cerrado tienda musica instrumentos

Cristales, escaparates, fronteras

Un cristal divide el mundo en dos. El real y el ficticio. Lo palpable y lo inalcanzable. Lo variable, imperfecto, frente a lo estático, impecable.

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Fair play, dear

Cuaderno de bitácora 2

Me habían hablado de ti, y no todo bueno.

Cuando al fin te vi, no estaba segura de que fueras tú. Y mucho menos me esperaba nada de lo que pasó después, ese mismo día.

paisaje naturaleza nieve

Esta foto tan bella sí que es mía. La nieve hace milagros

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La hormiga pensante (2)

Tu visión del futuro a medio plazo no solo llegó a imaginar lo que harías, los viajes, los planes. Tus ambiciones llegaron a visualizar incluso una versión mejorada de ti mismo.

Una persona libre de la rueda que nos atropella la voluntad y la razón. Una dinámica en la que entramos, sin quererlo. Que nos hace creer que “más” es mejor. Más cosas. Y más nuevas, imprescindible.

Te venden la felicidad como una cima a la que llegar, a través de ese pack “coche+casa+mucha ropa+muchos zapatos+mucho de todo”, y si lo puedes renovar cada año, mejor que mejor. Pero ya sabemos que la felicidad, así concebida, es una ilusión. Cualquier bienestar que nos pudiera generar el adquirir algo es totalmente efímero.


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La hormiga pensante (1)

5 am.

Se oyen unos pajaritos artificiales cantando una canción que va aumentando de volumen.

Abres los ojos. Tu día empieza.

Coges el móvil para desactivar la alarma. Un mensaje en la pantalla: “20 actualizaciones pendientes”. Cierras el mensaje, desayuno exprés, y te vistes para ir a trabajar.

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Paseo a un pretérito cercano

Sin darme casi cuenta, en los días pasados, mi agenda mental se había llenado de tareas que nada tenían que ver con la imagen idílica que venía asociando desde un principio a mi estancia aquí. Me habían hablado de excursiones por el campo, paseos por los barrancos, ratos de playa, pero así estaban las cosas. Un inusual temporal ha arremetido contra la isla toda la semana, se han llenado charcos y presas, y se han empañado los cristales de lluvia. Quedando toda actividad exterior suspendida o aplazada hasta que amaine la tormenta.

bola con reflejo en nieve

La imagen no es mía. Pixabay me la presta

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La noticia

Ya se habían ido casi todos de la oficina. Una planta entera dividida en módulos, separando decenas de escritorios y oficinas con puertas. Apenas quedaba una luz tenue, blanca y fría, en los pasillos. Ya no se oía el ruido de pisadas, ni el bullicio de los trabajadores, y sus ordenadores e impresoras funcionando.

Solo quedaba el sonido de las teclas y la luz amarilla de una lámpara en una oficina.

— ¿Hoy también te quedas, Sofía? – dijo Ágata, desde la puerta del despacho, despacio, masticando cada palabra.

— Sí, solo quiero terminar esto… – contestó Sofía, esquiva, sin apenas levantar la mirada de la pantalla de su ordenador.

Ágata la miró un momento. La recién nombrada directora del periódico era reconocida por todos en cuanto a elegancia y buen vestir. Tener el pelo tan desarreglado era algo inusual en ella. Llevaba días quedándose hasta tarde.

“Quizás los rumores sean ciertos…”

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Liebster Awards + Regalo

GRACIASRaquel, por nominarme en esta dinámica loca de preguntas, los Liebster Awards (reglas aquí), porque así me das la oportunidad de soltar disparates en un marco personal.

Liebster award

Insignia de los Liebster award, rosa y floriada

Objetivo

La llegada de un nuevo año marca, mientras se aproxima, la cercanía de lo que queremos entender como un abismo. Un vacío. Como una libreta en blanco, preparada para ser escrita. Un cambio de calendario que vemos como un final y un principio de algo.

El pasado año ha sido oscuridad e incertidumbre. Tormentas y huracanes. Aires fuertes y sombríos que despeinan y tumban. Que te quiebran las piernas y el ánimo.
Pero entre los días lluviosos y grises, se coló un hilo de esperanza.

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Patataaa*

En una de esas situaciones cotidianas, sin hacer nada reseñable, me decidí a sacar unas fotos.

Estábamos madre e hijas preparándonos para sacarnos la foto en un momento del día especialmente luminoso, o quizás fue por la estancia.

En ese momento, en mi dispositivo, encontré un vídeo de hace tanto tiempo que ni recuerdo. Vídeo editable de una forma muy peculiar.

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Mente anónima

Voy a ir directa al meollo, que aquí hay mucha tela que cortar.

¿Tener un blog? Hecho. Ahora, mantener el anonimato, ¿sí o no?

mujer manos a la cabeza

Duda existencial para todo bloguer@

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Haz feliz a una loca

Aunque ya pasó el Día de Acción de Gracias (que a mí realmente, como tradición, me dice más bien poco), hoy quiero compartir con ustedes la alegría inmensa que me da ver que escribo y que alguien lee al otro lado.

(Graciasgraciasgracias).

Humor amarillo

¿QUIÉN NO VEÍA HUMOR AMARILLO?

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La última vez

Esta es la última vez. – se dijo al despertar mientras miraba el techo unos minutos resistiéndose a enfrentarse al mundo.

Como si su cama fuera su trinchera. Como si solo poner un pie en el suelo fuera a revivir todo de nuevo.

Lo salvaje.

Las luces borrosas en la noche.

La demencia.

Era muy temprano aún, con la luz todavía apagada de la mañana, dejando su habitación en una semioscuridad que dejaba entrever lo que parecía un nido. La guarida de alguien fuera de sus cabales.

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Las tres meigas. Capítulo 3

Capítulo 3. La meiga grande

La meiga grande es la mayor de las tres que componen el pequeño aquelarre.

Hechicera de alma vieja y cuerpo juvenil.

Es más fuerte de lo que pudiera parecer con su delgado cuerpo. Y hasta los árboles más altos temen su furia.

Cabeza en constante funcionamiento, siempre cavilando a la luz de la luna.

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Las tres meigas. Capítulo 2

Capítulo 2. La meiga nueva

La meiga nueva es la más joven de las tres hermanas.

Desconoce cuál es su poder, por lo que va investigando, probando de aquí y de allá.
Va con las manos llenas de tinta y los pies descalzos. Pelo enredado, cubierto de hojas.

Día a día recorre distintos caminos. Y pinta y escribe sobre lo que ve y siente.

Se empapa de naturaleza siempre que puede, se pierde en los ojos de los seres con los que se cruza, y disfruta de los baños de sol y mar más que de ninguna otra cosa.

Además, le fascinan las estrellas y se duerme pensando en las vidas paralelas que se suceden allá arriba simultáneamente.

meiga nueva chica bruja

La meiga nueva

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Las tres meigas. Capítulo 1.

Capítulo 1. La meiga chica

La meiga chica es una hechicera y su poder es controlar el tiempo.

Se despierta y al abrir los ojos, con su particular parpadeo, ella para el tiempo.

Así, a las 24 del día, ella va sumando horas, jamás en números impares. Pares, siempre pares.

Manías de meigas.

Se prepara en un plis y se apresura para llegar a tiempo al río.

Allí, con una hoja se hace una barca y va río abajo, con un zurroncito bien sujeto, pegado al pecho.

Curiosa como gato, pequeña como hada, va atenta a todo, observando.

Atenta a los murmullos de los árboles, al vuelo de una mosca. A todo presta atención, no se le escapa nada con sus redondos ojillos marrones, viendo pasar el bosque y sus habitantes hasta llegar a su destino.

meiga chica bruja

La meiga chica

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El hilo rojo de las rosas (Parte 1)

Era una de esas tardes con cielo despejado, la tregua de un día especialmente caluroso de verano, con el sol ya cayendo, que va tiñendo el paisaje de una luz amarilla cada vez más anaranjada. Se acicalaban los cisnes junto al río, pasaba una mamá pato con sus crías, y corría una ligera brisa, mientras sentadas en la hierba junto al río, conversaban dos amigas.

– No sé porqué siempre escojo tan mal. Pensaba que estábamos hechos el uno para el otro…

– Bueno Luci, a lo mejor esto es solo una riña y mañana se arregla todo – dijo Claudia, tendiéndole un pañuelo a su amiga.

– ¿Tú crees? – le contestó Lucía con cierta desgana, secándose las lágrimas que se le escaparon rodando por las mejillas.

– Lo que tiene que ser, será. Está todo escrito. Mi madre una vez me contó una leyenda… ¿Conoces la historia del hilo rojo del destino?

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Síndrome del escritor

Sí señor, síndrome del bloqueo del escritor.

Bola papel arrugado

Esos borradores arcaicos en forma de papeles arrugados.

Estoy definitivamente atascada, sin saber bien sobre qué escribir, pero de esto, doble lectura. Uno, estoy atascada, eso es un hecho y no hay más vuelta de hoja (aplauso por esta expresión tan bien traída). Y dos, ¡ey, me creo escritora si ya tengo este síndrome!

Si también es tu caso, estarás como yo, que a poco que pienses como ideas sobre las que basar una nueva entrada, las descartas, porque te parecen insuficientes, o inconexas, o igual crees que es tu falta de técnica y de recursos para escribir.

Pues te voy a regalar un apunte. Un extracto de la introducción de un libro de Stephen King que leí hace poco:

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