Las cuerdas que no(s) atan

¡SALTA!

Es casi lo único que se oía. Por encima de los otros valientes de edad variable y con más o menos fobia al ridículo y a su propia integridad física.

— ¡SALTA! — escuchaba yo.

Y es que en un parque de camas elásticas y colchonetas y demás parafernalias con superficies para no abrirte el cráneo al caer, pues es lo que tiene. Saltar es lo mínimo que se espera.

saltar

Vale. La foto no es mía.

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