La noticia

Ya se habían ido casi todos de la oficina. Una planta entera dividida en módulos, separando decenas de escritorios y oficinas con puertas. Apenas quedaba una luz tenue, blanca y fría, en los pasillos. Ya no se oía el ruido de pisadas, ni el bullicio de los trabajadores, y sus ordenadores e impresoras funcionando.

Solo quedaba el sonido de las teclas y la luz amarilla de una lámpara en una oficina.

— ¿Hoy también te quedas, Sofía? – dijo Ágata, desde la puerta del despacho, despacio, masticando cada palabra.

— Sí, solo quiero terminar esto… – contestó Sofía, esquiva, sin apenas levantar la mirada de la pantalla de su ordenador.

Ágata la miró un momento. La recién nombrada directora del periódico era reconocida por todos en cuanto a elegancia y buen vestir. Tener el pelo tan desarreglado era algo inusual en ella. Llevaba días quedándose hasta tarde.

“Quizás los rumores sean ciertos…”

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